ENTREVISTA EXCLUSIVA A IVAN DRAGO Y HANNIBAL LECTER

Da igual el tiempo que lleves en esto. Cuando te llega el encargo de entrevistar a dos personajes como Lecter y Drago es imposible evitar que un escalofrío te recorra de arriba a abajo la espalda. Pero al mismo tiempo, el encuentro es tan atractivo que no puedes negarte. Así que nervioso pero impaciente, estoy puntual llamando a la puerta en una señorial villa de Igueldo donde me esperan dos de los protagonistas del próximo Bang Bang.

Abre la puerta el Dr. Lecter, que con un gesto me invita a pasar al interior. La entrada es lujosa, pero para nada recargada. Aunque la decoración no es en absoluto minimalista, cada uno de los cuadros y muebles destilan clase. Llego al salón y con un nuevo gesto Lecter me invita a sentarme.

Aun sentado me mantengo erguido, la fascinación y el terror me impiden relajarme o apartar mi mirada de los ojos de Lecter, que ni siquiera parpadea. Decido romper el hielo y ser el primero en hablar.

Es una casa preciosa. En cada detalle se nota su buen gusto…

LECTER: Gracias, pero no es mi casa. Yo soy aquí un invitado. Al igual que usted.

Pero entonces… ¿De quién es esta casa? ¿Qué le ha pasado al dueño?

DRAGO: El dueño está perfectamente. ¿O es que no se me ve bien?

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Drago acaba de asomar casi rozando el dintel de la puerta con la cabeza. Viste con un pantalón deportivo de color claro y una camiseta negra.  Se le notan los años, pero las arrugas y las gafas le dan una imagen muy distinta a la que recordaba. En vez de parecer una mala bestia, parece un millonario dueño de alguna empresa tecnológica.

Perdón, pensaba que la casa era de Hannibal. No imaginaba que usted tuviera una casa así.

DRAGO: ¿Qué pasa? ¿Me imaginaba viviendo en alguna casucha a las afueras de Moscu? ¿En un gimnasio? ¿O quizás en un laboratorio donde siguieran experimentando conmigo?

No, para nada…

DRAGO: Jajajaaja. Es broma. Todo el mundo tiene prejuicios después de las películas que hice en los 80. Ademas, la verdad es que me paso media vida en el laboratorio. Pero es que soy químico, y de verdad, no como la bióloga esa de pacotilla que salió en El Equipo A.

Lo siento, no lo sabia. Y por supuesto no tenia ni idea de que viviera en Donostia.

LECTER: Eso me lo tiene que agradecer a mí. Siempre he venido al Pais Vasco, y después de una de mis visitas hablé a Drago de San Sebastián. La siguiente vez que nos encontramos me dijo que había encontrado trabajo aquí investigando en un laboratorio y que se había mudado.

Debí suponer que dada su afición a la cocina Dr. Lecter, era lógico que fuera un habitual de Donostia. Y supongo que desde que explotó la nueva cocina vasca mucho más.

LECTER: Efectivamente. Me gusta estar cerca de mis creaciones. La mitad de los platos que se sirven en los restaurantes con estrella Michelin de la zona son creación mía. Sin ir más lejos, Michel Ezkiaga no para de llamar para entrevistarme, ¡ese hombre está obsesionado con los cocineros!, pero siempre le digo que no. Me siento más cómodo en las sombras y no quiero salir en las portadas de los periódicos. Si lo hiciera, tendría a Clarice llamando a la puerta dos minutos después. Es una cansina que todo el día está buscando excusas para verme.

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No sé si lo que busca Clarice es una cita…

DRAGO: Es eso, puedo dar fe. Cada vez que hemos coincido los tres, tras la segunda copa se pone pegajosa con él y empieza con su rollo: “Doctor, hágame un reconocimiento…”, “Doctor, he sido una chica mala, ¿quiere analizarme?”. Es bastante embarazoso, la verdad.

LECTER: Me paso media vida escondido por ese motivo. No puedo hacer nada que destaque, Clarice es tan pesada como buena detective. Aun recuerdo la que libré en Las Vegas…

¿Puedes contarme qué paso?

LECTER: Después del incidente en la jaula de Tennessee, tuve que abandonar los EEUU durante una temporada y me mudé a las Bahamas para visitar al Dr. Chilton. Pasamos veladas muy enriquecedoras cenando juntos, pero lamentablemente, después de un tiempo había perdido tanto peso que me dejó. Fue una pena, era una compañía deliciosa.

Creí que iba a hablarme de Las Vegas.

LECTER: No se impaciente, aun se está calentando el horno. Bien, tras ese periodo en las Bahamas regresé a EEUU y me mudé a Brooklyn donde conocí a Mike. Ya había pasado su mejor época, pero aun le quedaba gasolina en los guantes. El problema era su cabeza, tenia un bloqueo enorme, pero en unos meses de terapia todo estaba arreglado y volvió a ganar el titulo mundial.

¡Habla de Mike Tyson!

DRAGO: Menudo lince. Claro que habla de Tyson…

LECTER: Sí. Hablo del viejo Mike… Lamentablemente no todo salió bien. Supongo que en alguna de las sesiones me despisté y se me fue la mano con la sugestión. El combate del 97 fue un desastre. Hasta ese momento había conseguido que Mike controlará su ansia, pero supongo que el stress le venció y Holyfield acabo pagándolo.

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DRAGO: Un periodista de Las Vegas publicó la noticia de que su psicólogo había tenido algo que ver con los mordiscos y dos días después Clarice se presentó en el bar del MGM preguntándome por Lecter. Intente explicarle que yo estaba en la ciudad por un congreso científico y que llevaba tiempo sin ver a Hannibal pero se puso muy desagradable y acabé por llamar a seguridad.

Pues vaya con Clarice, en la peli parecía muy modosita… 

DRAGO: Y sigue igual, he hablado con ella recientemente y sigue obsesionada con Hannibal. Sin ir más lejos, esta semana ha estado en San Sebastian buscándole. Vio anunciar la sesión de Bang Bang y vino de cabeza. Yo me enteré cuando me avisaron los vecinos. Me dijeron que andaba rondando mi casa una chica con bolso de Arbelaiz y zapatos de Merkal Calzados. Supe que era ella.

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LECTER: Debo irme. Esta loca seguro que se presenta el sábado en la sesión.

DRAGO: Tranquilo, me he ocupado de ella.

No creo que quiera oír esto…

DRAGO: Tranquilos, está bien pero muy lejos. Solo tuve que hablar con ella un rato y salió despavorida hacia el aeropuerto.

¿Se puede saber qué le dijiste?

DRAGO: Le hablé de Santo Tomas, y de como se oyen por toda la ciudad a los gorrinillos chillando la víspera del día de la txistorrada.

LECTER: Eres un gran alumno.

DRAGO: Solo estoy atento. Por cierto, acabo de oír sonar el horno. ¿Vamos a ser dos, o tres para cenar?

Yo me quedaría pero…

LECTER: Tranquilo Drago, me quedo hablando con él mientras empiezas a preparar todo. Pero basta con que prepares dos cubiertos, nuestro entrevistador no comerá nada, solo va a ayudarnos a preparar algún plato.

Veo a Drago entrar en la cocina y no puedo moverme. Lecter sigue hablando y al mismo tiempo roza el borde de su taza de té con una cucharilla. El tintineo metálico y su voz me impiden levantarme y cada vez me hundo más y más en el sofá. Unos segundos después me pide que envíe la entrevista por correo electrónico a la redacción y lo hago. No puedo hacer nada para evitarlo, estoy en sus manos.

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