A priori esta podría ser la película de esta edición del Zinemaldia que mejor encajara en nuestras sesiones: una historia épica protagonizada por Brad Pitt, una de las mayores estrellas de cine de la actualidad (y de los últimos 30 años).
La película cuenta la historia de un oficial retirado del ejercito estadounidense que acompañado de su perro viaja por los parajes más aislados de Alaska en avioneta emulando a Christopher McCandless, el protagonista de la estupenda Hacia rutas salvajes. Pero aunque aquí también se trate como en aquella el deseo de vivir en soledad alejados de la sociedad, en esta ocasión la película está más centrada en ser una aventura de supervivencia en la que se pone continuamente al protagonista y su perro frente a situaciones en las que debe luchar para seguir con vida.
Brad Pitt no defrauda y explota su carisma para lograr que el espectador empatice con un personaje del que apenas sabemos nada, pero las verdaderas estrellas de En el corazón de la bestia son los impresionantes paisajes y el perro de combate que le acompaña durante todas sus peripecias.
Sobre los paisajes, aclararemos que aunque la película se desarrolle en Alaska, en realidad se rodó en la isla sur de Nueva Zelanda. Un país que con sus montañas y lagos emulan perfectamente los paisajes del estado norteamericano. En cuanto al perro, que aunque parezca imposible es capaz de hacernos olvidar que Brad Pitt está en pantalla, estuvo interpretado por cuatro perros, tres de ellos hijos del que más tiempo aparece en escena. La labor de maquillaje del perro con esas cicatrices que le dan carácter y cuentan su historia hacen que no sea fácil diferenciar un can de otro.
Lamentablemente lo que no está a la altura de las localizaciones o los protagonistas es ni el guión ni la dirección. Cameron Alexander, guionista al que no se le conocen otros créditos, escribe una historia con pocas sorpresas y en la que los protagonistas se dedican a salvar un obstáculo tras otro sin que en ningún momento de la sensación de ver algo que no hayamos visto anteriormente en por ejemplo El renacido. Y luego está David Ayer, un director que nunca ha brillado en sus trabajos siendo poco más que cumplidor. Ni Fury, ni Bright ni sus repetidas colaboraciones con Jason Statham merecen más que un aprobado justo. Y como prueba de su poca personalidad señalaremos que cuando rueda una escena destacada (el ataque de los lobos), llama la atención frente a lo anodino del resto de su trabajo.
En resumen, una película entretenida pero poco memorable de la que dentro de un tiempo solo recordaremos a Odin, el verdadero héroe de esta aventura.
¿Es Bang Bang?: 6/10



