VETREICI (ALIENS)

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Desde que recuerdo, siempre me ha gustado el cine. En cuanto tengo oportunidad miro la cartelera y me acerco a la sala más cercana para disfrutar de una película.

Cuando estoy de viaje a menudo paro el coche para fotografiar la fachada de un cine, me acerco a las taquillas para ver las películas programadas, e incluso a veces consigo sacar tiempo para ver una.

Aprovecho las películas que componen el debut de Bang Bang para hacer memoria y recordar el verano de 1991. Aquel año estaba de vacaciones por Praga con mi familia haciendo un poco de turismo por Checoslovaquia. Sí, todavía era un solo país.

Llevábamos ya unos días por la ciudad y, a pesar de ser julio, el tiempo no acompañaba. Por muy bonita que sea una ciudad, y Praga lo es, cuando no para de llover cuesta bastante disfrutarla.

En uno de esos ratos que aprovechábamos para callejear entre chaparrón y chaparrón, pasamos delante del cine Kino Blanik y me asomé para ver qué ponían. En principio el título, Vetreici, no me dijo nada, pero cuando vi el cartel, los ojos me empezaron a brillar.

Ya había visto Aliens cuatro años antes, cuando la habían estrenado en Donostia, pero me había gustado tanto que no tenía intención de perder la oportunidad de volver a verla en pantalla grande, aunque para ello tuviera que arrastrar a mis padres y a mi hermana al interior de aquel cine casi escondido en una oscura galería comercial.

Con el argumento de la lluvia les convencí de pasar la tarde disfrutando de las aventuras de la Teniente Ripley y su comando de Marines Espaciales que luchaban contra los Xenomorfos mientras intentaban salvar a aquella niña rubia asustada.

Ninguno de los cuatro hablábamos inglés, y digamos que los subtítulos en checo tampoco ayudaron mucho, pero aunque estoy seguro de que se les escaparon muchas cosas, ninguno protestó a la salida. El ritmo de la historia, las interpretaciones, las poderosas imágenes y la música creaban un todo hipnótico que hacía imposible no disfrutarla.

Escribiendo sobre aquel día he aprovechado para curiosear sobre el cine Blanik, y he descubierto que fue construido en 1929 y que hoy sigue en activo, aunque sólo programa teatro.

También he curioseado sobre la traducción del título de la película que estuvo a punto de despistarme: Vetreici se traduce como “Intrusos”, y me ha quedado la duda de si se refería a los humanos, a los Aliens o incluso a nosotros mismos cuando aquel día nos infiltramos entre los espectadores checos que llenaban la sala.

No sé si mis padres o mi hermana todavía se acordarán de aquel cine de Praga, o si se acordarán de la película. Yo sí que recuerdo aquellos viajes, y de vez en cuando sonrío recordando aquella tarde.

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