GREASE: IT’S ELECTRIFYING

Digámoslo alto y claro: Grease (1978) es puro Bang Bang. Porque un musical buenrollero, con altas dosis de autoparodia y que está en el disco duro de toda una generación es una peli Bang Bang. ¿Que los actores son treintañeros haciendo de jovencitos de instituto? Sí. ¿Que a la peli le falta el punto canalla del musical de Jim Jacobs y Warren Casey en que se basa? También. ¿Que el guion es mejorable? Por supuesto. Pero como le dice Danny-Travolta a Sandy-Newton-John en You’re the one that I want, el temazo que cierra la peli, “the power you are supplying, / it’s electrifying!”. Eso es Grease, una energía que se contagia. Por eso cada cierto tiempo, vuelve: como musical, como sing-a-long… O como Bang Bang.vlcsnap-2017-02-15-23h09m44s582.png

La peli se abre con un prólogo de chico-conoce-chica en variante amor de verano en California: Danny y Sandy se conocen durante las vacaciones. Se gustan, pasean por la playa y disfrutan de las puestas de sol. Todo muy romántico y muy puro. Pero el final del verano, ay, los separa. Ellos creen que para siempre, pero el amor tiene otros planes, de modo que, ¡oh, sorpresa!, volverán a encontrarse en el Instituto Rydell, el día de comienzo del último curso. Sandy es la misma chica sensible, risueña y modosa de las vacaciones, con un punto de tristeza, eso sí, por el fin de su amor de verano. Danny también la echa de menos, pero ha vuelto a integrarse en su vida de pandillero light: bravucón y chuleta, pero buen chico.

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Ésta es una de las claves del tono blanco de Grease: las situaciones y el lenguaje parecen en un primer momento explícitos y gamberros, pero quedan rápidamente desactivados por el humor y la autoparodia: la manera de moverse, de exagerar los gestos, las bromas naif… (Un cóctel, por cierto, que influirá después en las comedias adolescentes de los 80, con sus gags básicos y sexuales).

El resultado de esta mezcla de elementos es una historia y unos personajes ingenuos pero dotados de encanto, en gran medida por el acierto en la elección de los actores principales (John Travolta, Olivia Newton-John y Stockard Channing). Y todo ello potenciado por una banda sonora con varios temazos antológicos y la “electricidad” disco de finales de los 70 en las coreografías (no hay que olvidar que Travolta venía de interpretar el año anterior al Tony Manero de Fiebre del sábado noche).

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De todos modos, esta mirada nostálgica que Grease dirige a los años 50 y primeros 60 incluye bastantes alusiones a fenómenos sociales que fueron decisivos para la posterior llegada, entrados los años 60, de la cultura de masas, la liberación sexual, el feminismo, el movimiento hippy, el pacifismo, las drogas o la lucha por los derechos civiles. En Grease la televisión, la música, los anticonceptivos, el aborto o las mujeres que se esfuerzan por dejar atrás su condición de trofeo masculino son otras tantas muestras de un mundo en rápida transformación, donde los valores tradicionales de la Norteamérica que ha vencido en la Segunda Guerra Mundial aún no han desaparecido pero están en declive. De ahí que en la película convivan, por ejemplo, el machismo macarra de los T-Birds con el incipiente feminismo de Rizzo, o la fiesta de pijamas con los preservativos.

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Este cambio social queda reflejado en la evolución de los dos personajes protagonistas: el modelo de masculinidad machista de Danny da paso a un chico que deja de fingir delante de los demás aquello que en el fondo no es, y Sandy se libera de su insulsa candidez para convertirse en una mujer con opinión propia y personalidad para expresarla (“You better shape up, ‘cause I need a man…”). Y de paso, en un pibón que para muchos (me incluyo) fue la primera sex-symbol que recordamos. Y ya se sabe que el primer amor siempre deja huella… ¡Oh, Sandy!

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El icónico número final marca la transformación de los personajes y señala a la vez la salida de la adolescencia y la entrada en la edad adulta, después de graduarse en el instituto. Pero es también, como veíamos, el final de una época y el comienzo de un tiempo nuevo en la cultura americana. Eso sí, nada de eso es lo importante. Lo que queda flotando en el ambiente es ese chute de energía y de optimismo que desprende la película.

Lo dicho: puro Bang Bang.

 

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