RECORDEMOS QUE SÓLO ES UNA ENTREGA DE PREMIOS

¿Quién iba a decir que me encontraría a mí mismo relativizando las cosas cuando soy tan dado a no pasar ni una? Pero es que creo que no queda más remedio que olvidar el desastre que sucedió al final de la gala y que arruinó lo que sólo había sido una ceremonia correcta.

La noche comenzó con un arranque desconcertante en el que en vez del habitual monólogo nos encontramos con un número musical en el que se presentaba la primera de las canciones nominadas de la noche. Justin Timberlake nunca defrauda y estuvo muy bien, pero en realidad, al pillar a todo el público a contrapié y casi sin sentarse en la butaca, no lució lo que debía.

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Siguiendo con las actuaciones musicales y las canciones nominadas, habrá que admitir que John Legend no estuvo bien. Todos hubiésemos deseado que Ryan Gosling y Emma Stone hubiesen interpretado las canciones que entonan en la película, pero hay que comprender que es mucha presión hacerlo en directo delante de millones de personas cuando no eres cantante profesional. John Legend llevó las canciones a su terreno y quedaron sosas. Casi tanto como la actuación de Sting, sentado en una silla y cantando una canción que ni tenía opciones ni interesó a nadie. Afortunadamente, la canción de Vaiana fue otra historia. La jovencísima Auli’i Cravalho dejó a todos boquiabiertos con una interpretación asombrosa que además tuvo un prologo genial de Lin-Manuel Miranda. Si no chafan tu número musical ni golpeándote con una banderola ni con una coreografía hortera es que tienes madera de estrella, y esta chica la tiene.

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En cuanto a la gala, se puede decir que el presentador, Jimmy Kimmel, no lo hizo mal. De hecho, estuvo bastante mejor que Neil Patrick Harris, por ejemplo, pero no llegó a brillar en ningún momento. Demasiado a menudo centró los gags en segmentos habituales de su programa, habló de los #MeanTweets (Tweets hirientes) o de las bromas recurrentes en las que se metía con Matt Damon y que estuvieron muy bien, pero que debieron dejar descolocados a los que no conocían sus gags sobre el tema, y que empezaron hace años con el ya mítico “I’m fucking Matt Damon”.

Ya viene siendo una costumbre la de intentar crear EL MOMENTO de la gala. Hace unos años tuvimos el de la pizza y el del selfie. Esta vez no acabaron de funcionar ni las repetidas caídas de globos con chucherías (que parecían un homenaje a Los juegos del hambre), ni los tweets en directo al Presidente Trump, así que todo quedó en manos del gag en el que introdujeron a un grupo de turistas en el Dolby Theatre, donde se encontraron en primera fila rodeados de las estrellas más rutilantes de Hollywood.

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El paseíllo tuvo momentos simpáticos, como el susurro de Gosling al oído de una mujer que puso una cara que en horas ha generado mil memes, o el continuo besamanos al que fue sometida Meryl Streep, pero el desfile se prolongó demasiado, y tampoco ayudó que un Denzel Washington con cara de pocos amigos desperdiciara la oportunidad de ganarse al mundo entero cuando fue señalado por uno de los turistas como su actor preferido. Se le pidió que oficiase una boda improvisada, y Denzel, que no tenía una buena noche, hizo lo justo, regresando casi a la carrera a su butaca para poner una cara de quita-gustos que ni Tommy Lee Jones en sus peores momentos.

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Si tildamos la ceremonia de mediocre es porque hubo momentos en los que dio la impresión de estar muy poco trabajada. Por ejemplo, los montajes de vídeo resultaron mucho menos atractivos que otras veces, y la selección de clips de las películas no fue muy afortunada, ya que la presencia de palabras malsonantes obligó a censurar el audio con pitidos.

Por resaltar algo, destacaría el dúo de presentadores más loco de la noche, el compuesto por Seth Rogen y Michael J. Fox, que llegaron al escenario conduciendo el Delorean de Regreso al futuro. Si ya el emparejamiento era bastante extraño, la cosa se fue de madre cuando Rogen se empeñó en cantar un tema del musical Hamilton y Michael tuvo que sumarse y darle la réplica. Tan divertido como disparatado.

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En cuanto a los premios, no hubo casi sorpresas. Manchester se llevó los que se tenía que llevar (Mejor Actor y Guión Original); Fences, el único que merecía (Actriz de Reparto); La llegada, un único pero muy merecido premio por el Montaje de Sonido, y Hasta el último hombre se volvió a casa con dos Oscars: el esperado por la Edición de Sonido y uno mucho más sorprendente y nada merecido por al Mejor Montaje.

Y así llegamos al momento en que todo explotó. Moonlight tenía ya en la cesta los dos premios que había venido a recoger (Actor Secundario y Guión Adaptado), y La La Land no llevaba una mala noche con seis premios. Ya había dejado escapar algunos en los que era favorita, como Sonido y Montaje, pero había ganado Banda Sonora, Canción, Fotografía, Diseño de Producción, Mejor Director y Mejor Actriz. Nada parecía que pudiera interponerse en su camino a recoger el premio a Mejor Película.

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Para entregar el premio más importante de la noche salieron a escena Warren Beatty y Faye Dunaway, que celebraban el 50 aniversario ese clásico que es Bonnie & Clyde, y en cuanto se abrió el sobre con el ganador quedó claro que algo no iba bien. Lo que parecía una broma o las dudas de un anciano con mala vista se resolvió con el anuncio de la victoria de La La Land. Pero aquello seguía oliendo mal. Mientras los componentes del equipo de la película celebraban y soltaban discursos en el micrófono, el regidor, con auriculares rojos, entró haciendo gestos e interrumpió la escena. Jordan Horowitz, el productor de La La Land, en un alarde de control y carácter, tomó las riendas de la situación y se apresuró a coger el micrófono para gritar: “Equipo de Moonlight, subid aquí, ha habido un error y el premio es vuestro. Esto no es una broma”.

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Jordan Horowitz al mando de la Gala y de La La Land

Caras de estupor entre el público, justificaciones en el escenario y un caos absoluto en el Dolby Theatre durante varios minutos, hasta que primero Warren Beatty y después Jimmy Kimmel explicaron lo sucedido. Todo había sido una confusión en la entrega de sobres. En directo. Y delante de cerca de 35 millones de espectadores sólo en EEUU.

Una pena que un año con tan buenas películas se vaya a recordar por este lamentable error restó visibilidad al merecido Oscar a Mejor Película de Moonlight o a los seis premios de La La Land. Sé que sólo es una entrega de premios, pero…

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