EL INFIERNO SON LOS OTROS

Esta cita de Sarte me viene a la cabeza cuando me siento a escribir este post. Porque lo que más me llama la atención de “The Thing” (1982) de John Carpenter, es ese ambiente de desconfianza, miedo y paranoia que se instala en el seno de los miembros de una estación de investigación estadounidense en la Antártida.

Esa sospecha continua es lo que destaca sobre manera en el conjunto de la película. Nadie está seguro de que la persona que tiene al lado sea humana. Recordemos que “la cosa” asimila el organismo y adopta su forma como si de una réplica perfecta se tratara. Desde el comienzo, con la inquietante presencia del perro perseguido por un helicóptero, Carpenter imprime una soberbia tensión narrativa, contagiando al espectador hasta el punto de que nosotros mismos desconfiamos, hasta el final, de quién está infectado o no.

El grupo, aislado completamente a causa de un hostil exterior azotado por tormentas de nieve, viento gélido y temperaturas bajo cero, no puede huir de esa estación ubicada en algún lugar de la Antártida. Tan despiadado se muestra el clima como el extraterrestre que los liquida de forma cada vez más sangrienta. Pero el mayor enemigo, metáfora de toda esta historia con envoltorio de ciencia ficción y terror, no es otro que la desconfianza que sienten unos por otros, porque, en palabras de Carpenter, “el enemigo somos nosotros”

Imagen 3

Estamos ante un ser que no tiene ninguna forma, una “cosa”. Y en este sentido nos encontramos ante uno de los monstruos más interesantes del cine. “The thing” se estrenó tres años después de “Alien” (1979) de Ridley Scott. Lo que no le hizo ningún  favor. Pero así como el monstruo de “Alien” está  terroríficamente bien definido, en la película de Carpenter nos encontramos con algo cuya forma nunca es la misma. No busca comer, o reproducirse como el personaje Syl de “Species” (1995) de Roger Donaldson,  sino perpetuarse imitando el material genético de otras especies

Con este planteamiento, el problema de matar al monstruo se ve relegado a una primera necesidad básica: detectarlo. Y es aquí donde entramos en el hecho de que el monstruo puede ser todos o ninguno de los integrantes de la expedición que lo han despertado de su sueño de siglos. Ninguno de los involucrados tiene siquiera la certeza de saber si ellos mismos son humanos.

Ante estas dudas, la noción de identidad se hace polvo. ¿Quién es más peligroso en esta situación de emergencia: el extraño alienígena o los compañeros paranoicos?  “La cosa” divide y vence. Su mayor poder no estriba en aterrorizar con su aspecto, de por sí repulsivo, sino con su capacidad polimorfa. Consigue minar los cimientos de las relaciones humanas. Estos tipos que llevan un tiempo trabajando juntos se transforman en potenciales enemigos.

Imagen 1

No todo el mérito de la película pertenece a Carpenter, el guión de Bill Lancaster (hijo del mítico Burt Lancaster) es preciso como un reloj y lleno de pequeños detalles, en ocasiones aparentemente insignificantes, pero que en conjunto potencian esa desasosegante atmósfera de paranoia. Juega con una amplia gama de miedos presentes en el ser humano: el miedo a la soledad en el aislamiento al que están sometidos los integrantes de la expedición; el miedo a los extranjeros en la presencia de un extraterrestre y en los comentarios xenófobos sobre el campamento noruego; el miedo a la contaminación física y a las enfermedades, en la propuesta de la cuarentena; y el miedo ancestral y primitivo a la oscuridad y a las formas animales que la Cosa va asimilando y las formas monstruosas que va tomando.

Esta claustrofóbica atmósfera queda apuntalada con un final desesperanzador, negativo al extremo y totalmente nihilista. Carpenter fue coherente hasta el final y rechazó el happy end, pese a que sí se llegó a rodar.

En vez de eso abandona al héroe MacReady (Kurt Russell)  a merced de la hipotermia, con otro superviviente del que no estamos seguros no esté infectado, Childs (interpretado por Keith David), bebiendo güisqui y esperando una muerte segura mientras sonríe y remata con la enigmática frase final: “¿Por qué no esperamos aquí un rato a ver lo que ocurre?”

38C

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s