OSCARS 2015: FOXCATCHER

Se acaba la película y en la sala reina un silencio total, parece que nadie se atreva a hablar. Me paro ya en la puerta del cine y se oyen los primeros comentarios mientras la gente se pone los abrigos y se envuelve en las bufandas para enfrentarse a una noche aún más fría que la película.

Las palabras que más se repiten son “incómoda” y “sobria”. Alguno se atreve con un: “parece austriaca”, “debería estar nominada a mejor película EXTRANJERA”.

¿Son acertadas estas opiniones? Diría que si.

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El que estemos disfrutando de esta película mientras todavía mantiene opciones en la carrera de los Oscars ya es un logro. No olvidemos que el cine es una industria. El reconocimiento de la Academia se puede traducir en mucho dinero directa o indirectamente. Eso nos puede ayudar a entender el sinuoso camino que ha recorrido Foxcatcher. Aunque no parecía que fuera a estar montada a tiempo se anunció su estreno para el 20 de diciembre de 2013 con la intención de competir en la carrera de los Oscars de 2014, pero al no llegar a tiempo por días, se congeló su estreno durante meses hasta que por fin se pudo ver en el Festival de Cannes, donde conquistó el premio a la mejor dirección.

Después tocó la ruta de los festivales. Pasó por más de 25, con excelentes críticas pero con una sensación de que la película no era para todo el mundo. Prueba de ello ha sido su exigua recaudación en todos los mercados en los que se ha estrenado, demostrando que por mucho que tengas una estrella de moda al frente de una gran película, si el perfil de aquélla no encaja en ésta, va a ser complicado que hagas una taquilla digna. Brad Pitt en El árbol de la vida o Scarlett Johansson en Under The Skin son dos ejemplos significativos.

La historia de Foxcatcher nos cuenta la relación entre un personaje anodino, triste e inseguro pero ganador de una medalla de oro en lucha libre en unos Juegos Olímpicos (Channig Tatum en el papel de Mark Schultz)  y su hermano, también medallista de oro olímpico en lucha libre (Mark Ruffalo en el papel de Dave Schultz). Una relación que se ve seriamente trastocada cuando entra en sus vidas el rico y excéntrico director del club Foxcatcher Farm (Steve Carell en el papel de Sr. John Du Pont).

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La película se construye casi exclusivamente sobre estos tres personajes, aunque es innegable la gran influencia de los que les rodean, como por ejemplo la madre del millonario, interpretada por una Vanessa Redgrave que marca cada decisión tomada por John Du Pont. No tiene el mismo peso Siena Miller, que pasa tan desapercibida que no reparé en su presencia hasta que vi su nombre en los títulos de créditos.

La dirección de la película podríamos definirla como discreta, pero no por ello menos brillante. Bennett Miller, al que conocemos por las también poco efectistas Moneyball o Truman Capote, no intenta destacar, y sin embargo lo consigue con ese tono fatalista que impregna cada escena desde el primer minuto. No parece buscar una escena que deslumbre, sino que persigue (y logra) crear un ambiente opresivo y sofocante tanto para los personajes como para el espectador. Aunque la cinta se mueve a menudo por ambientes lujosos, la fotografía y la narración convierten una mansión en un museo con olor a rancio y una fiesta en un encuentro incómodo y desasosegante.

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El guión original, también nominado este año, juega en la misma liga que la dirección. Los escasos diálogos de sus callados protagonistas son sutiles pero llenos de significado y brillan en momentos como el del helicóptero, o ese otro en el que John se abre a Mark y le pide que le llame por el apodo con el que le conocen sus “amigos”.

Sólo criticaría la escena en la que John detalla una relación de su infancia y en la que se peca de sobre-explicacion. Quizás ésta sea la única concesión a un público que, a mi entender, si precisa esta aclaración es que se ha equivocado de película.

El apartado de las interpretaciones es el que más alabanzas ha cosechado. Carell y Rufallo han recibido sendas nominaciones, y Tatum da la sensación de haberse quedado a las puertas debido, tal vez, a la apabullante labor de Steve Carell, que escondido detrás del maquillaje impresiona con su interpretación del terrible Du Pont.

Aun siendo fan de muchas de las películas de Channing Tatum, he de admitir que casi siempre su trabajo es lo que menos convence de ellas. La sensación de que detrás de un físico potente y una gran habilidad para el baile no se esconde ningún carisma es algo que puede verse en cualquiera de sus entrevistas de promoción, donde sus compañeros de reparto llevan el ritmo de la charla mientras él se limita a contestar con monosílabos y muy poca gracia. Podría decir que ese poco espíritu (que quizás sñolo sea producto de su timidez) es lo que hace que funcione tan bien su interpretación en Foxcatcher. Pero no seria cierto. Todo es perfecto: su manera de caminar casi simiesca, sus hombros caídos, cómo se sienta envolviéndose en las butacas… Y sobre todo la mirada, esa mirada de odio, de decepción, de rabia, de impotencia al saberse inferior a Du Pont, a su hermano, al mundo. Él lo ha dado todo y nadie le ha devuelto nunca nada. Es un paria, y seguramente por eso mismo se identifica tanto con Du Pont durante un tiempo.

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Du Pont es también un paria. Pero de un tipo totalmente distinto. Un paria que tuvo la suerte de crecer en el seno de la familia más rica de los EEUU y que aprovechó su posición para ahondar en aficiones alternativas como la lucha libre, la ornitología, la filatelia y la filantropía. Du Pont busca en esos círculos minoritarios una oportunidad de destacar que no hubiese tenido en ninguna de las artes, deportes o intereses más apreciados por el gran público.

Es en esa necesidad de destacar, en esa perpetua búsqueda de reconocimiento donde aparece de manera más evidente su patetismo, que acabará conduciéndolo a una mayor frustración y propiciará el único final posible para tan mezquino y fatal personaje.

Ha habido alguna crítica a Steve Carell por esconder sus facciones detrás de esa nariz y esos dientes postizos. Yo en cambio creo que es un acierto que, en vez de llevar el personaje a la estrella, el actor se oculte y aún así sea capaz, limitando la expresividad, de transmitir, mediante la expresión corporal, la voz o la mirada, la personalidad del millonario, sin buscar en ningún momento la empatia del público y construyendo uno de los tipos más desagradables e incómodos de ver que me he encontrado en una pantalla de cine.

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Aunque Mark Ruffalo tiene menos minutos en pantalla su personaje es la clave de la película. Media entre los dos protagonistas y sostiene una interpretación contenida hasta la escena clave de la entrevista, que resulta un “Oscar Clip” perfecto. Ruffalo podría haberse llevado el premio gordo cualquier año en el que no compitiese con un personaje-bombón como el de Simmons en Whiplash.

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En resumen: supongo que si tienen los bolsillos saneados, los productores se sentirán muy satisfechos por la gran película que han financiado. Pero si en algún momento pensaron ganar dinero con la enfermiza y trágica historia de un millonario patético y maniático del control que involucra en sus delirios a dos hermanos que ya arrastraban sus propios traumas, imagino que habrán quedado tan decepcionados y hundidos como el propio Du Pont.

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