YO CREO EN DIOS, PERO LA ÚNICA COSA QUE ME ASUSTA ES KEYSER SÖZE

 

Un comienzo engañoso. Una imagen nocturna con música suave. El agua en el puerto de Los Angeles en una noche tranquila. Pero algo va a suceder. Una escena dramática. Un tipo gravemente herido que intenta hacer explotar un barco. Otro tipo que lo remata. Un tercero que observa escondido. Y rápidamente nos encontramos en una comisaría de policía donde el detective, Dave Kujan (Chazz Palminteri), interroga a un sospechoso, “Verbal” Kint (Kevin Spacey).

Desde ese momento, la acción de Sospechosos habituales (The Usual Suspects, 1995) se desdobla en dos tiempos, presente y pasado. Vamos a ver todo lo que sucede en la comisaría- en el despacho donde se produce el interrogatorio- y todo lo que ocurrió antes de la explosión en el puerto, contado por Verbal.

En su día, esta densa y abrumadora intriga rompió moldes, convirtiéndose en una de las propuestas más interesantes del policíaco de los noventa, contribuyendo además a su renovación. De esta década, entre otras, recordemos Miller´s Crossing (1990), Carlito’s Way (1993) o L.A. Confidential (1997).

La sobria pero enérgica labor de cámara de Singer, un guión que funciona como un reloj, y un gran elenco fueron la clave del éxito. Singer pudo contar con un grupo de actores que si bien no podían considerarse de primera fila, no les faltaba competencia y encajaban a la perfección en sus respectivos personajes. El versátil Gabriel Byrne como Dean Keaton, al que podríamos catalogar de protagonista (si buscamos alguno), un por entonces popular Chazz Palminteri como Dave Kujan, un joven Benicio del Toro como Fred Fenster, y el camaleónico Kevin Spacey como Verbal Kint. Spacey fue el otro miembro del equipo, además del guionista, en llevarse un Oscar como mejor actor de reparto, lo que dio alas a su carrera en el cine (eso y su pequeño pero también memorable papel en la obra maestra Seven (1995) del mismo año).

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Si se ha destacado a Sospechosos habituales por algo, y es lógico, es por la estructura de la historia y por cómo se cuenta. Guión y dirección son los ejes sobre los que gira la película. Se transforma una sencilla trama de policiaco en un ejemplar acertijo cinematográfico, una película que obliga al espectador a estar atento de principio a fin, uniendo piezas, interpretando las pistas, intentando llegar a la solución final.

La estructura narrativa es responsabilidad de Christopher McQuarrie, guionista que ya había co-escrito junto al director Bryan Singer Public Access (1993). MacQuarrie tenía una idea sobre cinco criminales que preparan un golpe tras coincidir en comisaría. A esto le añadió pronto dos detalles de importancia. Durante un descanso para almorzar, en el bufete donde trabajaba, se fijó en un tablón de anuncios repleto de recortes, fotocopias y anuncios; y en el nombre de la compañía que había fabricado el tablón, (paro de contar). Igualmente, le había fascinado la historia de un criminal que huyó tras asesinar a su familia, sin que supiera nada de él durante 17 años. Singer necesitaba un proyecto con garra y las ideas de su amigo le atrajeron. Tras discutir el enfoque de la historia, McQuarrie escribió y entregó el sólido guión de Sospechosos habituales. A cambio recibiría un Oscar.

La estructura se construye en dos espacios temporales. El presente, donde el policía Dave Kujan interroga a Verbal; y el pasado, basado en la narración delegada del propio Verbal y que va desde la detención de los sospechosos hasta la explosión del barco. Pero además de estas dos tramas, merece la atención la historia de otro superviviente de la explosión, que sólo habla húngaro y está gravemente herido. Otro policía le está interrogando. Y aquí entramos en una tercera trama clave: la aparición de Keyser Söze, personaje enigmático, sin rostro, a quien nadie conoce y a quien casi nadie (vivo) ha visto, con una terrible leyenda a sus espaldas y que se va convirtiendo en el protagonista de la historia.

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La rica textura de guión queda patente en el hecho de que la primera vez que uno ve la película, cuando llega el final, esta no se acaba. Hay que volver a reconstruirla en la cabeza para entenderla (o volver a verla). Conseguir la necesaria perspectiva en un primer visionado es complicado. Tal y como le reprocha el detective Kujan a su colega Jeff Rubin al terminar el interrogatorio de Verbal. Kujan le reprueba el desorden de su despacho, ante lo cual este le responde: “Sí, pero todo tiene un sistema, Dave. Si lo miras de cerca no tiene sentido. Tienes que darle cierta perspectiva, ¿sabes?” .

Esta perspectiva nos lleva a uno de los mejores finales del género. Uno de los más originales e imprevisibles. Un giro de guión que marcó tendencias posteriores que se desarrollaron con mejor o peor fortuna.

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Además del gran trabajo de guión, es justo destacar la impronta del director, con escenas brillantes como la detención y el interrogatorio de los cinco sospechosos. Poner en imágenes una historia que funciona como un puzle no es tarea fácil. Y Bryan Singer lo hace con maestría.

En la narración es muy importante quién cuenta y cómo lo cuenta. La focalización de esa narración exige mucho oficia para que el espectador no se pierda y su interés vaya en aumento.

Pero sin duda es el cierre, con dos secuencias fundamentales, lo que merece ser destacado. La primera escena es la recapitulación de Kujan de todo lo sucedido, dando sus teorías por buenas y casi forzando a Verbal a validarlas hasta que, cuando el relato ha convencido al espectador, tiene lugar el giro sorprendente del desenlace.

La segunda es la escena que cierra la película, en el exterior de la comisaría. La imagen y el espacio están ligeramente forzados para que veamos desaparecer un coche al fondo y a Kujan en el exterior de la comisaría, mirando y buscando, pero sin ver. Se fabrica así una ironía para subrayar de nuevo la incapacidad de Kujan para mirar el espacio con perspectiva.

Ambas secuencias están construidas muy eficazmente, porque mientras a lo largo de la película los personajes hablan y cuenta, sin embargo en el final se recurre a un proceso visual y sonoro. Los planos se suceden de manera trepidante, combinando presente y pasado, con un elaborado montaje sonoro en el que se recuperan frases claves del relato. Brillante.

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Puedes plantearte si merece la pena volver a ver Sospechosos habituales una vez que ya has visto el final y descubierto todo el entramado. En mi opinión ni siquiera deberías hacerte esta pregunta. Hay mucho más en la película que un buen guión contado de una manera brillante.

Las interpretaciones de Kevin Spacey y Gabriel Byrne son extraordinarias. El primero dotando a su personaje de variados matices que van desde su mirada y su forma de contar, hasta la manera de fumar dentro de la comisaria y al final. Byrne, a su vez, consigue proporcionar al suyo esa visión triste y trágica del típico protagonista de cine negro.

Si tienes la suerte de verla por primera vez, vas a experimentar un juego realmente fascinante, que te mantendrá pegado a la butaca y con un final que recordarás siempre. Sigue siendo una película de referencia para cualquier aficionado al cine. Así que no te la pierdas.

Y por encima de todo, no olvides buscar respuesta a la pregunta del millón: ¿quién es Kayser Söze?. Y cuidado, como se cita en la película: “ El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía

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