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ZINEMALDIA 2016: LA AMBICIÓN DERRIBÓ AL MONSTRUO

La última película de J. A. Bayona se estrenó en el Zinemaldia rodeada de mucha expectación, pero la respuesta del público no fue unánime. De hecho, hubo una división radical de opiniones: por un lado estaban los que, entre lágrimas, la celebraban como una obra maestra, y por otro, los que la acusaban de ser una película artificial en la que se podía ver al director moviendo los hilos desde bambalinas, con la única intención de hacer llorar al público: ahora una mirada triste, ahora un suspiro, ahora una melodía…

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En lo que casi todos estuvieron de acuerdo fue en su calidad técnica. Una factura impecable que ha quedado confirmada con el reconocimiento de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España al otorgarle a Un monstruo viene a verme 9 Goyas a la película, premiando casi cada aspecto técnico de la misma.

Pero como el título del post ya ha dejado claro, no todo van a ser alabanzas y celebraciones en este texto. Aunque si la película se ha convertido en el estreno más taquillero de 2016 en España y ha ganado 9 Goyas, ¿hay algo en lo que haya fallado?

La respuesta es un SÍ con mayúsculas, ya que el batacazo que se ha pegado en la taquilla y en los premios de las diferentes asociaciones de EEUU es descomunal. En un principio estaba previsto que la película se estrenara en octubre, pero la magnífica respuesta que recibió en el Festival de Toronto llevó a Focus, su distribuidora en EEUU, a pensar que tenían entre manos una baza ganadora y pospusieron su estreno hasta el 23 de diciembre en un puñado de salas y ya un estreno nacional el 6 de enero.

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Ésta es una fórmula que suelen adoptar las distribuidoras cuando huelen a Oscar para buscar un hueco en la memoria reciente de los académicos, y es que por las buenas críticas, tanto en festivales como en pases de prueba, daba la sensación de que para la película de Bayona no había nada imposible.

Sin embargo, visto ahora, queda claro que fue un error. Un monstruo viene a verme se lanzó el mismo fin de semana en el que Figuras ocultas explotaba arrasando con la taquilla, en el que estrenos navideños como ¡Canta! y Rogue One aún seguían a toda máquina y en el que La La Land ya empezaba a situarse como la película del año, recaudando cada fin de semana más que el anterior.

El fin de semana de su estreno, Un monstruo viene a verme se situó en un decepcionante puesto 12 de la taquilla, con unos raquíticos 2 millones de dólares, una décima parte de lo recaudado por la película más taquillera.

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Y de ahí en adelante, todo fue a peor. La recaudación del siguiente fin de semana fue de 500.000 dólares y se situó en el puesto 23 del ranking. Para el tercer fin de semana había caído hasta el puesto 43, y prácticamente había desparecido de las salas. De su lanzamiento en 1523 salas había pasado a estar presente sólo en 42 cines.

La catástrofe de la taquilla dejó claro el poco interés del público USA por la película de Bayona, y poco después la Academia hurgó en la herida al anunciar las nominaciones y no incluirla en ninguna categoría, cuando a priori partía con muchas opciones, como por ejemplo la interpretación de Sigourney Weaver, la banda sonora o el diseño de producción. Bayona, tras llevar a Naomi Watts a los Oscars por Lo imposible, se iba esta vez de vacío.

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¿Qué falló? Podría ser su promoción: Focus Features, la distribuidora mencionada, no es precisamente famosa por sus grandes campañas publicitarias, y suele dejar que la película gane prestigio en festivales, creando así expectación y confiando en el boca-oreja, cosa que esta vez no consiguió. Podría ser también que el público no esté interesado en historias de monstruos gigantes: Mi amigo el gigante y Peter y el dragón han quedado muy por debajo de lo que se esperaba de ellas en cuanto a recaudación, teniendo en cuenta que venían avaladas por Steven Spielberg, la primera, y por Disney, la del dragón.

En mi opinión, el gran problema de Un monstruo viene a verme reside en su tono. Es una película que, en su ambición de conectar con todo el espectro de público posible (un mal quizás contagiado de la producción televisiva española), no acaba de poner el foco y resulta demasiado básica y sentimental para el público más adulto y demasiado cruda y aburrida para el infantil. Con la estructura ocurre lo mismo: el director mezcla el mundo real con el sueño y la fantasía representados con animación, despistando al público menos acostumbrado a este tipo de recursos.

No seré yo quien reste méritos a un proyecto tan ambicioso como éste. En realidad, hay aspectos de la película que me parecen brillantes, como todo el apartado técnico que ya hemos mencionado (y del que hablamos en la entrevista a Javier López Antía), o la prodigiosa interpretación que sólo con la voz hace Liam Neeson.

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Pero en vista de los resultados queda claro que algo se hizo mal. Arriesgaron y perdieron. Estoy seguro de que algún ejecutivo en algún despacho de Universal está ahora mismo nervioso tras poner en manos de Bayona Jurassic World 2, la primera secuela de una de sus franquicias más prometedoras. Pero creo que puede estar tranquilo. Si algo ha demostrado Bayona es ser capaz de manejar grandes proyectos. Y hoy en día, tal como está la industria del cine, lo que Hollywood busca son artesanos, no artistas. Y Bayona encaja mejor que nadie en ese papel.

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